21-09-2026
[BUENOS AIRES, SciDev.Net] En el sudeste del Pacífico, una cadena de montañas submarinas atesora una biodiversidad impactante y funciona como autopista biológica para decenas de especies amenazadas.
Conocidas como “los Andes del Pacífico”, las cordilleras (o dorsales) de Salas, y de Gómez y Nazca, son dos grandes cadenas de origen volcánico que se extienden a lo largo de 4.000 kilómetros, desde la costa peruana hasta Rapa Nui (Chile).
Pero sus ecosistemas singulares, con especies únicas en el planeta, están bajo amenaza por la pesca indiscriminada, la contaminación y la probable minería submarina.
Por eso, una propuesta liderada por Chile ante la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (SPRFMO, por sus siglas en inglés) buscará establecer su protección.
El grupo de trabajo, compuesto por expertos de 17 países (entre ellos, Chile, Perú y Ecuador), avanza en las conversaciones para prohibir la pesca comercial. Luego de que el comité científico de la SPRFMO emita sus recomendaciones para la preservación de la cordillera, el organismo dará su voto final en marzo de 2027.
Biodiversidad única
Las dorsales (llamadas así por su forma elevada y alargada) tienen más de 110 montes volcánicos, con picos de hasta cuatro kilómetros. Sus pendientes pronunciadas transportan nutrientes a lo largo de toda la columna de agua, proporcionando alimento a crustáceos, peces, ballenas y aves.
“Especies como el plancton migran desde la superficie hacia el fondo durante el día; otras hacen el viaje inverso para alimentarse”, confirma Carlos Gaymer, del Grupo de Trabajo de la SPRFMO y profesor de Biología Marina en la Universidad Católica del Norte, Chile.
“También ocurren procesos de surgencia [afloramiento], con corrientes que llevan nutrientes hacia la superficie, y hundimiento de materia orgánica, como peces y ballenas muertas que alimentan a los organismos del fondo”, agrega en videollamada con SciDev.Net.
“Cada vez que vamos, se descubren nuevas especies”, grafica. “Las últimas tres expediciones, en 2024, arrojaron más de 200”
Para llegar a esas profundidades, los científicos a bordo del buque de investigación Falkor (too) ‒que también transportó a delegaciones de Argentina y Uruguay‒ operaron vehículos en forma remota, que registraron sus descubrimientos con cámaras de tecnología innovadora.
Las dorsales presentan algunos niveles de endemismo ‒especies que no pueden encontrarse en otros lugares‒ muy altos en comparación a otros ecosistemas marinos, con tasas superiores al 41 por ciento en peces y 46,3 por ciento en invertebrados bentónicos (sin columna vertebral).
Gaymer lo atribuye a las barreras, que han generado un completo aislamiento, entre ellas la propia distancia y las enormes profundidades, incluyendo el quiebre generado entre las especies que viven a uno y otro lado de la Gran Fosa de Atacama.
La zona también funciona como corredor migratorio para mamíferos marinos, tortugas, aves y tiburones amenazados, lo que incrementa su necesidad de protección.
El camino de la preservación
“Pero estas áreas terminan donde se acaba la jurisdicción nacional”, advierte a SciDev.Net Alex Muñoz Wilson, exdirector para Latinoamérica de un programa de National Geographic que ayudó a crear 31 áreas marinas protegidas, quien tampoco participa del grupo de trabajo.
De hecho, el 73 por ciento del sector de importancia ecológica (1,1 millones de kilómetros cuadrados) de las dorsales de Salas, y Gómez y Nazca, pertenece a aguas internacionales que -por ende- permanecen desprotegidas.
Cuando se las preserva, esas zonas “representan un seguro de salud para las pesquerías: ayudan a mantener los stocks y son un soporte para su recuperación permanente”, apunta Muñoz.
“El jurel, el recurso pesquero más importantes del Pacifico Sur, ha estado en situaciones de colapso, recuperación, y ahora nuevamente de disminución”, ejemplifica.
“La sobrepesca es una amenaza enorme”, reconoce Gaymer, que apunta especialmente a las capturas del calamar de Humboldt, protagonizadas por una flota china de 300 embarcaciones.
Otra amenaza a la salud de estos ecosistemas es la contaminación, incluyendo los microplásticos, que provocan daños físicos y digestivos a las especies marinas, lo que afecta su supervivencia, nutrición y reproducción.
Por otra parte, la existencia de yacimientos de cobalto y manganeso deja abierta la posibilidad a la exploración minera submarina, recuerda Gaymer, quien plantea la necesidad de que cese la financiación de investigaciones académicas sobre este tema por parte de las empresas interesadas.
Frente a estos desafíos, uno de los objetivos de los expertos es la prohibición de la pesca de arrastre de especies de fondo, que además destruye estructuras de corales y esponjas que tardan milenios en formarse.
Para los propulsores del proyecto de preservación de la cordillera, la declaración como área marina protegida sería un paso decisivo hacia la gobernanza oceánica en el marco del Tratado de Alta Mar de la ONU, que promueve el uso y conservación sostenible de la biodiversidad.
Para reasegurar la protección del mar sudamericano, Muñoz sugiere la conveniencia de extender estas iniciativas a zonas como el Paso Drake, entre los parques marinos Yaganes y Diego Ramírez, de Argentina y Chile, donde ya se limita la pesca de merluza negra.
También propone un nuevo corredor entre el Parque Marino Desventuradas y el del Mar de Juan Fernández (Chile), una zona desprotegida que las flotas asiáticas siguen depredando.
“Con las herramientas de vigilancia actual, como posicionadores satelitales e inteligencia artificial, sabemos inmediatamente dónde se está pescando en forma ilegal”, recuerda.
El gran desafío para focalizarlos, concluye, será crear y consolidar los acuerdos y la coordinación política binacional.
Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net